Repensemos nuestras ciudades desde nuestras experiencias

Por Zaida Muxí, Doctora Arquitecta, profesora de la ETSA Barcelona.

El título tal vez pueda parecer una afirmación banal y no necesaria, ya que todas las personas pensamos que hablamos por nosotras mismas y que nuestro imaginario de ciudad es efectivamente nuestro, ¿Y es así realmente o nos influimos por mil y un mensajes que diariamente recibimos en mil y una manera? Si esto fuera así estaríamos perdiendo la oportunidad de transformar nuestras experiencias cotidianas en conocimiento imprescindible para vivir mejor. Entonces, cómo hacer para pensar nuestros espacios de vida y el de las futuras generaciones de la manera más auténtica, más acorde con nuestras vidas de hoy, pero también del ayer y el mañana. Digo auténtica, y no verdadera, porque me refiero a la experiencia singular que cada persona, de esas experiencias situadas que nos hacen vivir, experimentar, sentir de maneras diferentes dependiendo de las múltiples condiciones que nos atraviesan. 

Y esta necesidad de reconocernos desde nuestras vivencias es especialmente importante para las mujeres, ya que la construcción social y la planificación urbanística, en particular, están atravesadas por la falsa neutralidad y universalidad del conocimiento científico, que ha negado las diferencias que nos atraviesan como seres sociales y que ha enmascarado la experiencia masculina como si fuera universal. Las ciudades han estado pensadas y construidas sin considerar las experiencias de las mujeres, tanto por rol de género asignado como por nuestros cuerpos. Por ello, aplicar un urbanismo con perspectiva de género es el inicio de un camino hacia un acceso en igualdad de condiciones y oportunidades en la ciudad.

El Urbanismo con perspectiva de género busca hablar, pensar, observar, analizar, planificar, proyectar y mantener las ciudades desde y para las mujeres, pero no de manera exclusiva ni excluyente. La perspectiva de género no se basa en considerar a las mujeres ni como una minoría ni como un grupo homogéneo al cual atender. La perspectiva de género pone a las mujeres en el centro para ser agente activa de derechos y en este sentido hacedora de ciudades.

Un urbanismo con perspectiva de género busca poner el foco en aquellas tareas asignadas tradicionalmente a las mujeres y que no han sido tenidas en cuenta ni por políticas ni planeamientos urbanos. Esto no significa, ni mucho menos, perpetuar los roles asignados, pero una de las maneras de romper con la asignación de roles excluyentes es equiparar las necesidades derivadas de las tareas de la reproducción con los de la producción, cambiando la infravaloración sobre estas tareas. Es decir, la valorización de las tareas de la reproducción para que sean de igual importancia que las de la de la producción lo que implica darle prioridades y presupuestos.

Se trata de abrirnos a nuestras experiencias cotidianas y hacerlas conocimiento para aportar a este momento que es la discusión de un plan general. ¿Cómo podemos hacerlo? Evidentemente participando en los espacios que el mismo proceso ofrece, pero sería bueno prepararnos previamente, ya sea individual y colectivamente, transformando las experiencias en conocimiento, es decir, revelando nuestro cotidiano en necesidades y propuestas. Por los mismos roles de género, por las diferentes edades y condiciones que nos atraviesan esta mirada es poliédrica y compleja. No serán iguales las necesidades ni las soluciones. Tampoco será igual según el barrio en que vivamos y cómo y porqué nos desplacemos, a qué hora y con quién.

La atención sobre la vida, sobre las vidas que propone la perspectiva de género nos permite entender que los seres humanos somos diferentes, y que esta diferencia no tiene que significar desigualdad. Atender a las múltiples diferencias en el momento de diseñar políticas, ciudades, y arquitecturas nos acerca a soluciones con una mayor igualdad, ya que la presunción de una persona media, equidistante, solo refuerza las diferencias negativamente o sea que potencia la desigualdad, ya que los resultados de esa media solo serán útiles para quienes estén, estadísticamente, por encima.

El reconocimiento de las diferentes maneras de utilizar el tiempo y el espacio que deriva de la división de los roles de género son datos que nos permitirán trabajar políticas urbanas más inclusivas, que tiendan a la igualdad de oportunidades en el acceso al derecho a la ciudad. Así mapear y medir recorridos, tareas, tiempos, razones y modos de movilidad son unas primeras acciones de visibilización y reconocimiento de necesidades diferentes para llenar de sentido las propuestas urbanas.

Una de las características fundamentales que aun a día de hoy diferencian las actividades del género femenino y el masculino son las tareas del cuidado o de la reproducción, que realiza el género femenino, mayoritariamente mujeres. Y la no inclusión en el planeamiento de estas necesidades dificulta enormemente el día a día de quienes cuidan. La movilidad de los cuidados[1] es sumamente compleja y tenemos que incorporarla en los nuevos planes, por ello las ciudades con micro-centralidades que generen nodos de atracción con las actividades necesarias de cada día son una de las herramientas imprescindibles para mejorar las ciudades. Este territorio con actividades diversas a distancias caminables desde las áreas residencias son imprescindibles para hacer posible la vida plena de las personas en las cuatro esferas que la componen: la reproductiva, la productiva, la personal y la social-política-comunitaria.

Las ciudades no deberían extenderse más en el territorio, no deberían consumir más espacio natural y de labriego; nos toca densificar, rehacer y complejizar con actividades y gentes diversas los tejidos existentes. Por ello, abogar por las distancias cortas cotidianas es una respuesta para una mayor igualdad y para un futuro sostenible.


[1] “El concepto movilidad del cuidado reconoce la necesidad de evaluar y hacer visibles los viajes cotidianos que resultan del trabajo de cuidado. Proporciona un marco para considerar las variables relevantes que afectan a la vida cotidiana y, en consecuencia, la forma en que las personas usan la ciudad y se mueven dentro de ella.” Inés Sanchez de Madariaga y Elena Zucchini “Movilidad del cuidado en Madrid: Nuevos criterios para la planificación del transporte” en CIUDAD Y TERRITORIO. ESTUDIOS TERRITORIALES. ISSN(P): 1133-4762; ISSN(E): 2659-3254Vol. LII, Nº 203, primavera 2020Págs. 89-102 https://doi.org/10.37230/CyTET.2020.203.08

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